El formidable dúo formado por Olivier Fortin y Emmanuel Frankenberg nos ofrece un nuevo álbum centrado en transcripciones de música de diverso origen para dos claves. El título, Clavecins concertants, no es meramente evocador, explicita el propósito de los intérpretes la creación de una música concertante para dos claves que nos aproxime a la riqueza timbrica y armónica de los originales. Para ello, acuden a tres fuentes: piezas orquestales, unas tratadas sin intermediación alguna por los clavecinistas (los extractos de Alcyone de Marais) o previo un modelo, como las transcripciones que D’Anglebert hizo de fragmentos de operas de Lully, incluidas en su libro de Pitces de davessin (1689): piezas para clave transcritas para dos instrumentos (Lebègue, Chambonnières, Rameau); y obras de cámara: adaptaciones de las picces de viole de Forqueray. Por excepción, cada interprete toca a solo un preludio de D’Anglebert.

El resultado es excepcional. Sin entrar en la imposible traslación del exuberante universo orquestal francés a dos claves, lo cierto es que la música adquiere una densidad, riqueza, tímbrica y complejidad magnificas. En ocasiones, cuando el original es una pieza para clave, los intérpretes añaden una nueva voz, doblando el bajo, un poco a la manera de Le Roux: otras veces distribuyen las partes del original orquestal entre los dos instrumentos.

Efectos adicionales y, en fin, variadas fórmulas proporcionan una nueva dimensión a una musica bien conocida, en una seleccion. por cierto, muy bien hecha. Y la calidad artística y técnica de los integrantes del duo está por encima de la duda.

Hay momentos en verdad memorables, como la preciosa zarabanda «Jeunes Zéphirs» de Chambonnières, la chacona de la Alcyone de Marais, La Régente de Forqueray o La Triomphante de Rameau. Un bellísimo disco que exige repetida escucha.

Javier Sarría Pueyo (Revista Scherzo)

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